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Historia y política

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José Herrera Peña

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índice

Semblanza


I. VIAJES

1. IDIOMAS

2. PARÍS

3. EUROPA

a) Italia

b) Los otros países


II. EL BOTÁNICO

TOURNEFORT

PLUMIER

LYNNEUS

PLANTAE SELECTAE

DE CANDOLLE

OTROS BOTÁNICOS

OBRAS DE APOYO

HUERTAS

JARDINES

RASPAIL

VON LIEBIG

BOUSSINGAULT

OTROS TRABAJOS


 III. NATURALEZA

1. LECLERC

2. JARDÍN DE PLANTAS

3. PRECURSORES

4. CONTEMPORÁNEOS

A.  LYELL

B. OTROS

5. MANUALES


IV. SOCIEDAD

A. Filosofía

1. BAYLE

2.  FRERET

3. D’ALEMBERT

4. DIDEROT

5. ENCICLOPEDIA METÓDICA

B) Biografía e historia

1. GIBBON

2. GIRARD

3. GAILLARD

4. CHATEAUBRIAND

5. MICHELET

6. OTROS

7. LAMENNAIS

8. OTRAS OBRAS

C. Literatura

1. Novela

2. Poesía y fábula


CONCLUSIÓN

_____________



FONDO MELCHOR OCAMPO

Biblioteca Pública de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

 

A. GENERALIDADES

B. LOS TREINTA Y OCHO LIBROS






MELCHOR OCAMPO

algunos de sus libros

por

JOSÉ HERRERA PEÑA

III. NATURALEZA

 

1. GEORGE-LOUIS LECLERC

A los cuarenta y dos años de edad, Jorge Luis Leclerc, conde de Buffon, abre su gran Historia Natural con su Teoría de la Tierra, que más que teoría es una exposición de los conocimientos objetivos del momento, puestos al día. Treinta años después, en 1778-1779, publica la magnífica epopeya Épocas de la Naturaleza, principio, evolución y fin de la Tierra, antiguo astro que no cesa de perder su calor y que está destinado a una muerte glacial.

En la Teoría de la Tierra, muchos datos son suplidos por la imaginación; pero este fresco inolvidable, en su misma estructura, anuncia visiones nuevas. El autor, maestro de herrería y fuerte en experiencias sobre el enfriamiento de las esferas metálicas, intenta calcular la edad de la Tierra. Después de contemplar millones de años, hace una inexplicable concesión y le da una antigüedad de sólo setenta y cinco mil; que de todos modos es más grande que lo que la cronología bíblica ha aceptado en la época: seis mil años. Lutero le había fijado cuatro mil.

Primero de cinco hijos, Jorge Luis Leclerc nace en Montbard, en 1707. Su padre era propietario de las ruinas del castillo de los duques de Borgoña y tenía un asiento en el parlamento en Dijon. Aunque hizo estudios de Derecho, el joven se sumergió en el estudio de las matemáticas y de la geometría, y sin haber leído jamás a Newton, descubrió su fórmula del binomio. Pero más que las matemáticas, le interesaban las ciencias naturales. Estudió Medicina, en cuya Facultad se enseñaba la botánica y la zoología. A partir de entonces emprendió interminables caminatas para estudiar piedras, plantas y animales.

En 1732, después de haber viajado un año por Italia, se instaló en París. A los veinticinco años descubrió la capital y comenzó a frecuentar los círculos científicos. Al hacerse amigo de Voltaire fue rápidamente introducido en varios salones prestigiosos. Cuando se presentó en la Academia de Ciencias, el abogado médico no presentó un discurso sobre el tema de la naturaleza, como hubieran sido sus deseos, sino sobre el cálculo de probabilidades, tema en el que se sentía fuerte. Fue electo miembro en 1734, a la edad de veintisiete años, en el ramo de las matemáticas.

Pero siguió estudiando ciencias naturales. Las tierras familiares le ofrecieron desde entonces el material experimental necesario para sus exploraciones sobre silvicultura. En este periodo tradujo y publicó la obra La estática de los vegetales del botanista inglés Stephen Hales (1677-1761), en la cual presenta la transpiración de las plantas como un fenómeno capital de la fisiología vegetal. Serpenteando los bosques descubrió la vida animal; pero este nuevo interés por la zoología no le impidió proseguir con sus trabajos en matemáticas por cuenta de la Academia. Además, durante 1737, fue frecuentemente consultado por la señora Châtelet, que intentaba traducir los Principia, de Newton. Habiendo leído la obra en inglés, Buffon pasaba numerosas horas con ella y su amigo Voltaire discutiéndola. En 1739 presentó a la Academia dos memorias, en las que expone los resultados de sus experiencias en silvicultura, a consecuencia de las cuales le ofrecieron no sólo un lugar en la sección de botánica sino también el cargo de intendente del Jardín del Rey. De inmediato concibió numerosos proyectos de reacomodo y agrandamiento de ese edén, y después de diez años de considerables esfuerzos, le dio los títulos de nobleza que detenta hasta la fecha.

Su obra Historia natural, cuyo primer tomo apareció a fines de 1749, constituye su gran realización. Con la ayuda de Guénaud de Montbéliard, Daubenton, Faujas de Saint-Fond, Guyon de Morceau y Bexon, el conde de Buffon publicó durante su vida los primeros treinta y seis volúmenes, que conocerían un gran éxito. Sus temas son el sistema solar, la formación de la Tierra, la fosilización, las faunas y las floras antiguas. Los tres primeros volúmenes se consagran a la Teoría de la Tierra y a la historia natural del hombre; el cuarto, al caballo, el asno y el toro; los once siguientes, a los cuadrúpedos; los otros diez, a los pájaros, y los últimos once, a los minerales. A su muerte -en 1788- su obra monumental, continuada hasta 1804 por Lacepède, crecería a ciento diez tomos.

Tenía cuarenta y cinco años en 1752 cuando el médico abogado naturalista contrajo matrimonio con María Francisca, de menos de veinte. Su hija vivió diecisiete meses. El matrimonio duró hasta la muerte de ella, en 1769. A su hijo Buffonet, nacido en 1764, le aseguró los mejores profesores de Francia, incluyendo a su protegido, un joven botánico llamado Jean-Baptiste Lamarck. Y ya de edad avanzada, empezó a sufrir de piedras en los riñones. Pero rehusó someterse a tratamiento quirúrgico. A Benjamín Franklin, quien sufría del mismo padecimiento, le recomendó que comiera fresas. En 1785 estalló un escándalo sentimental que envolvió a su nuera y al duque de Orleáns, se agravó, y tres años después, a los ochenta y un años de edad, sucumbió. Su hijo le sobreviviría sólo seis más. Moriría guillotinado en 1794.

Es cierto que la Historia Natural comporta numerosos errores. Para Buffon, la mar recubrió alguna vez la totalidad de la superficie del planeta, depositó conchas y sedimentos en capas sucesivas y esculpió las montañas. Basó su teoría en la observación de los fenómenos ordinarios, sin tomar en cuenta que la formación del mundo fue un fenómeno extraordinario. Prestó así al globo una evolución continua, excluyendo los cataclismos que lo diseñaron en los primeros tiempos de su existencia. Al mismo tiempo, explicó la formación de los planetas por la colisión entre el sol y los cometas.

Afirmaciones gratuitas como las precedentes forman legión en su obra. Por eso, rápidamente ganaría numerosas críticas. Los devotos de la Sorbona pidieron que se  pusiera a su obra en el índice de los libros prohibidos. Contradecía al Génesis. Al ocupar un cargo importante y gozar del apoyo de madame de Pompadour, el autor no se preocupó por tales ataques. Pero no tardó en sufrir los de sus colegas, que le reprocharon haber tratado materias científicas en las que no tenía ninguna autoridad. Réamur, uno de los sabios más célebres del momento y feroz opositor del concepto de la generación espontánea, generó la mayor parte de la crítica.

Pero si las teorías de Buffon sobre la generación y la Historia de la Tierra son inexactas, su Historia del Hombre hace de él el padre de la antropología. Considerado hasta entonces como individuo, el hombre aparece en sus escritos como representante de una especie cuya unidad prevalece sobre las diferencias que se observan de un lado a otro de la Tierra. Antropólogo, es igualmente zoólogo. La mayor parte de la Historia Natural, en efecto, es un lienzo monumental y detallado de la vida animal, a pesar de que su clasificación de los animales esté basada en sus relaciones con el hombre.

Historiador, orador, traductor y pintor, Buffon sobresale sobre todo en el arte de generalizar sus ideas y encadenar las observaciones. Después de coleccionar hechos hasta entonces estériles, se eleva a los resultados más inesperados. Es el primero que une la geografía a la historia natural y que aplica la historia natural a la filosofía. Además, se interesa en la óptica, en la botánica, es matemático y cartógrafo, y de paso, maestro herrero. Perfectamente bilingüe, traduce las obras científicas del inglés, sea las de Newton o las de Benjamín Franklin.

Y si Buffon no es realmente un sabio, su Historia Natural constituye un monumento sin precedente en materia de difusión del saber científico. Al iniciarse el siglo XIX sería el título intelectual de las bibliotecas francesas. Después de su muerte, sus obras completas se reimprimirían cuarenta veces, sólo en francés, gracias a los cuidados de los más grandes naturalistas de la época: Lacepède, Cuvier, Geoffroy Saint-Hilaire, Achille Richard, Flourens... Y es que, a despecho de las lagunas y de los errores científicos, graves en ocasiones, que la anclan, la Historia Natural, en manos correctas, desborda su siglo y prefigura la ciencia del porvenir. Por esas y por otras razones, el joven abogado políglota Melchor Ocampo -científico, botánico y naturalista-, no duda en adquirirla[1].

 


[1] Histoire Naturelle, Générale et particulier, Paris, P. Dufart, 1800-1808, en 110 tomos y 127 volúmenes, integrada por Teoría de la Tierra (3), Épocas de la Naturaleza (1), Introducción a la historia de los minerales (4), Minerales (9), Plantas (17), Animales (2), Peces (10), Crustáceos e insectos (13), Moluscos (5), Aves (27), Cuadrúpedos (12), Simios (1), Hombre (3), Sin especificar (1), Tablas analíticas y razonadas de las materias y los autores (2). Aparece en el número 203 de la lista de los albaceas bajo el título “Buffon. Obras completas”. Anotación de Arreola: “(Se trata de la obra de Lecrerc de Buffon, reeditada por C..S. Sonnini, e impresa por F. M. Daudin, en París, Año X. En la relación de entrega al Colegio y en el Cat. Figuran 127 vols. de los que sólo existen 107)”.


2. EL JARDÍN DE LAS PLANTAS







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