Política e historia

José Herrera Peña

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México 2001


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El extraño discurso mexicano

Sara Sefchovich*
El Universal
Jueves 25 de octubre de 2001

TODA la historia de México, desde la Conquista hasta la Revolución, puede verse como una búsqueda de nosotros mismos, escribió Octavio Paz en El laberinto de la soledad. En los años 30 y 40 de este siglo, cuando los filósofos querían entender quién era y cómo era "el mexicano", se pusieron a estudiar sus actitudes ante la vida y llegaron a las más variadas conclusiones. Por ejemplo, Samuel Ramos habló del complejo de inferioridad; el propio Paz, del disimulo de las pasiones; Uranga, de que todo es improvisado y contingente y nada es sustancial ni permanente; Usigli, de la hipocresía; Revueltas, de la desesperanza; Zea, de la cultura derivada. Se dijo también de la susceptibilidad, resentimiento, inconstancia, imprevisión, fatalismo, culto a la fiesta y a la muerte. La verdad es que uno podrá o no estar de acuerdo con estas maneras de interpretar lo que somos, pero lo que es un hecho, es que el esfuerzo de tratar de explicarnos es muy importante, no importa si es desde la perspectiva sicológica, social, cultural, religiosa o histórica.

Quienes ahora nos interesamos por estas cuestiones hemos encontrado además otras características, por ejemplo el disgusto frente al trabajo, la solidaridad en momentos de dificultad, etcétera. Todo esto viene a cuento porque una de dichas características está hoy día alcanzando tal dimensión que parece ya más bien una enfermedad. Me refiero a la separación entre la realidad y el discurso. Aquí he hablado reiteradas veces de la costumbre de decir una cosa y hacer otra, de ocultar información o de plano decir mentiras, pero lo que está sucediendo hoy ya es una de dos: o una burla cínica contra los ciudadanos o una verdadera esquizofrenia. Porque como nunca se produce el fenómeno de que se puede decir algo o no decirlo en el mismo momento en que está ocurriendo exactamente lo contrario.

Ejemplos sobran y tomaré sólo algunos de esta semana: la señora Martha Sahagún, cuando declara a los reporteros que está en contra de la caridad y a favor de la justicia social ¡en el mismo momento en que está repartiendo despensas en una casa hogar privada, lo que en castellano no tiene otro nombre que caridad! O el escritor Carlos Fuentes cuando lanza diatribas para decir que los intelectuales tienen que mantenerse lejos del poder ¡él, que todos los días está aceptando sus llamados y recibiendo sus prebendas! O el "subcomandante Marcos" cuando pide la paz ¡él que empezó su movimiento con un asalto armado! O el presidente Fox, cuando va por el mundo a "ofrecer" ayuda para la lucha contra la guerrilla ¡siendo que aquí tenemos EPR y EZLN y explotan artefactos en los bancos! O cuando minimiza los reclamos de los italianos (por igual empresarios que activistas) respecto de la inseguridad en que se vive en el país ¡siendo que todos los días hay secuestros, asaltos, robos y asesinatos y el gobierno no ha podido hacer absolutamente nada contra eso! O los secretarios de Estado cuando con una prepotencia que linda en el ridículo aseguran que nuestras fronteras están bien protegidas para que no pasen terroristas ni bacterias y que contamos con suficientes medicamentos para combatirlas ¡siendo que en los servicios de salud pública escasean las medicinas y que no hay ninguna medida de seguridad en las oficinas de correos y que por las fronteras se cuela el que quiere y cuando ya agarran a algún "sospechoso", resulta que es un asiático invitado a México a dar carísimas conferencias o un grupo de veracruzanos que llegaban tranquilamente a la Tapo! Y todo ese decir que nada tiene que ver con lo que efectivamente pasa, tiene su contraparte en el no decir lo que no les conviene: por ejemplo, cuando se deporta a un etarra los mexicanos nos enteramos por Madrid, o cuando a un grupo musical que viene al Cervantino le roban parte de sus instrumentos en plena actuación nos enteramos por quienes allí estaban entre el público o cuando organizan conciertos "de beneficencia" o "giras presidenciales" y nadie en este gobierno de prometida transparencia nos dice cuánto se gastó.

La mismísima Universidad Nacional ha caído en eso. Por ejemplo, ahora celebra 450 años, lo que significaría que se fundó en 1552, pero según el filósofo Samuel Ramos, en su Historia de la filosofía en México , fue en 1553, (p. 52) Pero eso no es lo importante, sino que en 1833 Valentín Gómez Farías, "el iniciador de la instrucción pública en México", la cerró por considerarla "anticuada e inútil" (p. 131), además de que ya no éramos ni teníamos que ver con nada que fuera "real y pontificio" y en cambio lo que se quería eran métodos modernos y científicos de estudio. De modo que durante casi un siglo no tuvimos universidad hasta que a Justo Sierra se le ocurrió abrir una a principios del XX. ¿Entonces cuáles son esos magníficos 450 años que con tanta pompa y ruido se festejan?

Por supuesto, toda mi indignación con el mentirosismo oficial tiene que ver en este momento con el caso de Digna Ochoa. Todo mundo sabíamos de las amenazas contra ella, como todos sabemos que en nuestro país el respeto a los derechos humanos es un mito. a pesar de leyes e instituciones y discursos que pretenden lo contrario. Como nunca, se ve que no es poca cosa esa costumbre de que lo que se dice (o no se dice) nada tenga que ver con la realidad. Más bien al contrario, que puede ser muy peligrosa.

* Escritora, profesora-investigadora de la UNAM

© 2001 Copyright El Universal-El Universal Online

jherrerapen@hotmail.com

   


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