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José Herrera Peña

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Más sobre los gigantes

La posible causa que los produjo

La teoría de las cuatro lunas

Según Hoerbiger, sabio austríaco que destacó en la época nazi, la Tierra ha tenido varias lunas. La luna actual, pues, no es el primer satélite de nuestro planeta sino el último.

Ya antes otras tres lunas de diverso tamaño se han precipitado a nuestro mundo, dando origen a cataclismos y al nacimiento de diferentes eras. De este modo, la primera luna cayó al final de la Era Primaria; la segunda, de la Secundaria, y la tercera, de la Terciaria.

La luna actual, según el austriaco, no gira en forma elíptica sino en espiral. Dicha espiral va estrechándose gradual e imperceptiblemente, hasta que al final acabará por caer sobre la tierra.

Al contraerse su movimiento alrededor del planeta entrará en estado de disolución y se convertirá en una especie de anillo, como los de Saturno, que al caer sepultará todo lo que se halla debajo, planta o animal, y lo dejará fosilizado.

Las tremendas presiones y la falta de aire son, según el austriaco, las causas principales de dicha fosilización. Los organismos enterrados en nuestra época no se fosilizan: se pudren. Por eso no se encuentran fósiles en estos periodos sino sólo en los primitivos.

Antes de caer, cuando la espiral de las diferentes lunas fue acercándose, su poderosa atracción provocó el gigantismo en todos los seres de la Tierra: plantas, animales y homínidos. Hasta los mares se levantaron.

Al mismo tiempo, el peso de los objetos y los seres terrestres disminuyó considerablemente. Eran gigantescos y ligeros, capaces de levantar objetos descomunales. Es así como aparecen los gigantes y éstos pueden realizar sus grandes y espectaculares proezas.

Consecuentemente, según el mismo pensador citado, a fines de la Era Primaria surgen los vegetales gigantes que, sepultados por la caída del primer satélite, proporcionan millones de años después la codiciada hulla.

A fines de la Era Secundaria aparecen animales de 30 metros de longitud, diplodocus y otros, fosilizados igualmente por la caída del satélite.

Y a finales de la Terciaria surgen mamíferos gigantes y los seres humanos primitivos; pero sobre todo, los titanes de la leyenda, los hijos de los dioses, gigantes también. La cavidad craneal de estos seres se ensanchó y permitió que se desarrollase el cerebro. Al cruzarse con el hombre primitivo, lo hicieron evolucionar.

Otros animales, en vista de su poco peso, se hicieron voladores: los insectos voladores de la Era Primaria, las aves de la Secundaria...

De acuerdo con esta teoría, la gravedad terrestre es la que determina nuestra estatura. Crecemos y ganamos peso sólo en la medida en que nuestro cuerpo lo puede soportar.

Por eso, en los periodos sin luna o en los que está sumamente alejada, sólo sobreviven los ejemplares de las especies de reducida estatura o que saben transformarse y adaptarse a las nuevas condiciones de vida, verdaderos mutantes que aprenden a resistir la nueva gravitación.

Los pequeños y los que reducen peso y estatura sobreviven. Por eso, según Hoerbiger, los "hombres normales" se formaron solamente hasta fines de la Era Terciaria, antes de la aproximación de la nueva luna. Eran más pequeños, más pesados y menos inteligentes que los gigantes, pero más aptos para sobrevivir a la hecatombe.

De ellos,según él, desciende nuestra especie.

Hombres, dioses y gigantes

La civilización de los titanes y los hombres primitivos surgió al final de la Era Secundaria, "hace quizá unos quince millones de años", al decir de Hoeniguer.

Fueron los gigantes qienes civilizaron al hombre. Así lo revelan las mitologías de Egipto, Grecia, Escandinavia, Polinesia, México y Perú. Es el titán Prometeo quien saca a los hombres de su estado de salvajismo. La tradición prehispánica evoca en México la figura de Quetzalcóatl, un gigante rubio, como dios civilizador, y en Perú, la de Viracocha.


Muros ciclópeos de Sacsayhuamán, Perú, formados por piedras de 360 ton.
Foto: cortesía de Twila Bing 

Los gigantes buenos serán recordados con gratitud por los hombres y cantadas sus hazañas. Hércules es uno de ellos. Son elevados a la categoría de dioses. El mismo Júpiter no puede vencer a los Titanes sin el auxilio de Hércules.

La edad de oro de los gigantes inteligentes y de los hombres estúpidos no dura demasiado. La luna de la era terciaria también se precipitará sobre la Tierra. Entonces, cesará la gravitación lunar. Las aguas de los océanos, otrora hinchadas, descenderán, fluirán hacia los polos y dejarán al descubierto los macizos montañosos.

El enloquecido oleaje devorará muchos pueblos en diferentes partes del mundo. El diluvio. Pero cuando las aguas se tranquilizan se mantendrán en los niveles actuales.

Surgimiento del hombre

Los sobrevivientes, hombres y gigantes, inician la tarea de reconstrucción; pero al poco tiempo la situación cambia. Los gigantes empiezan a volverse estúpidos y torpes, y los hombres, ágiles e inteligentes.

Ciertas razas gigantescas degeneran y se vuelven caníbales. No sólo se comen entre sí. Empiezan a comerse a los hombres. Son los ogros. Y los cíclopes. Este tipo de gigantes se halla también en todas las tradiciones de los pueblos primitivos. En lugar de la antigua reverencia, se empieza a luchar contra ellos.

Al mismo tiempo, los hombres se transforman.  Si su baja estatura los salvó de la hecatombe, en las nuevas condiciones de gravitación les permitirá su propio desarrollo.

Los gigantes siguen debilitándose. Todos: los buenos y los malos. En los periodos de luna lejana no pueden soportar su propio peso. Es la época en que, según los Anales de Cuautitlán, "gigante que se caía, se caía para siempre".

Finalmente, el cerebro de estos seres también degenera. Es entonces cuando se convierten en monstruos. Entonces, los hombres los exterminan. David mata a Goliat. Víctor Hugo se asombra "de ver gigantes espantosos, pero tontos, vencidos por enanos muy listos".


Extraña pintura en Namib sobre presuntos gigantes

Probablemente esto no haya sucedido asi. Lo importante es que la lectura del Calendario Azteca lo sugiere.

De la raza de los gigantes sólo queda el mito. Pero también ciertos rastros. Se han descubierto restos de gigantes en Java, China del Sur y en el Transvaal, que pertenecieron a seres de tres y cuatro metros de altura.


Diseños de supuestos arqueros gigantes en las Bahamas

También se han hallado instrumentos de piedra en Siria y Moravia, cuyo peso indica que los seres que los empleaban debieron tener una estatura semejante.

Pero existen testimonios más impresionantes aún, como las ruinas inexplicables de Tiahuanaco -entre otras- en Los Andes; el culto a las gigantescas estatuas de piedra, cerca de Nueva Guinea, y muestras vivas de una desaparecida raza de gigantes, e incluso huellas de ganado de raza gigantesca, en Abisinia.

 

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