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José Herrera Peña

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José Herrera Peña
Sala del Pleno
Supremo Tribunal de Justicia en el
Estado de Michoacán de Ocampo

CAPITULO VII

LA SUPUESTA RETRACTACION Y OTRAS FALSEDADES

Al final de su vida, Morelos se retractó. "Sólo si renegaba de su vida revolucionaria podría morir con los sacramentos".

Tal es la tesis central de Carlos Herrejón Peredo en su libro Los Procesos de Morelos, editados en 1985 por el Colegio de Michoacán, financiados por el gobernador Cuauhtémoc Cárdenas y subsidiados por el Secretario de Educación Pública González Avelar.

Dicho autor admite que el documento de la retractación es ajeno al estilo de Morelos; pero "de aquí no se sigue -arguye-que no lo haya suscrito". Se le doblaron las piernas en los instantes supremos, pues, según Herrejón, y terminó dando la espalda a los más altos valores e intereses de la nación.

La retractación a la que se refiere Herrejón está expresa en una carta impresa dirigida al virrey Félix Ma. Calleja, fechada en la ciudad de México el 10 de diciembre de 1815 y supuestamente firmada por Morelos, en la que éste -o el suscriptor que haya sido- sustenta opiniones diametralmente opuestas a las que produjo realmente en los tribunales coloniales. Se dice arrepentido de haber hecho la guerra de independencia e implora perdón a sus enemigos.

Dicho documento apareció publicado en La Gaceta de México, órgano oficial del gobierno colonial, el 26 de diciembre de dicho año; es decir, cuatro días después de la ejecución del héroe.

Lo más curioso del caso es que la supuesta retractación no existe. La carta en que Morelos se arrepiente y pide perdón nunca fue producida por nadie. No la hubo -vamos- ni en versión falsificada. Nadie se cuidó jamás de hacer un documento imitando la letra del condenado a muerte o, al menos, su firma.

La supuesta carta fechada el 10 de diciembre, publicada el 26, fue elaborada en la oficina del virrey después de la muerte de Morelos, y su texto, enviado directamente de tal oficina a la imprenta. Destruyóse el apócrifo original y quedó únicamente el texto impreso. Así de simple.

Dicho documento nunca habría podido ser redactado por Morelos, no sólo porque sustenta opiniones políticas exactamente contrarias a las que sostuvo en los tribunales de sus enemigos, sino también por otras razones.

A diferencia del escrito de doce de diciembre -comentado en el capítulo anterior-, que existe y se dice formulado de su puño y letra, éste no existe ni ha existido jamás. Nadie lo vio ni lo ha visto nunca, salvo el virrey y el amanuense que se lo escribió. Y aunque el arzobispo de Fonte asegura que el condenado "extendió un escrito que mandó publicar el virrey", lo que él leyó fue lo que mandó publicar el virrey -como nosotros-, no el escrito mismo que supuestamente original extendió.

Por otra parte, no es ocioso insistir en que a Morelos nunca se le dieron "avíos de escribir" en ninguno de los calabozos en que fue recluído. No tuvo más pertenencias que una muda de ropa, y eso consta en el expediente respectivo.

No hubo ningún juez que lo haya autorizado a expresar sus ideas por escrito, como ocurrió excepcionalmente en el caso de don Melchor de Talamantes. No existe ninguna acta que acredite que se le haya entregado papel y tinta. No hay ningún documento judicial que ordene que su supuesto escrito de 10 de diciembre, de significativa importancia política, se agregue a la causa de la Jurisdicción Unida. No hay ninguna resolución judicial, en suma, que decrete que se saquen las copias certificadas del importantísimo documento para anexarlo al expediente que debía remitirse al monarca español.

Herrejón sostiene que, efectivamente, Morelos no redactó el documento del 10 de diciembre, pero que sí lo firmó. ¿Cuándo y dónde? ¿El 10 de diciembre -fecha que calza la llamada retractación-, en su calabozo de La Ciudadela?

Si la hubiera firmado en esa fecha, el gobierno colonial no habría escatimado recurso alguno en darla a conocer inmediatamente, ese mismo día, en la prensa a su servicio, en edición especial y extraordinaria, y no hasta el 26 de diciembre, cuatro días después de su ejecución.

"Habiéndose hecho el 10 de septiembre -dice un comentarista de la época apellidado Aguilar- era más regular haberla publicado luego, inmediatamente, para no incurrir en la nota de falsos ni en la nulidad de testificar con muertos".

Herrejón se da cuenta de las dificultades de este problema y lo resuelve a su modo: "Tocante a la diferencia de tiempo entre la redaccion y la publicación -dice-, se explicaría dentro de este supuesto: la redacción y fecha de la retractación fueron anteriores a la firma de Morelos, quien pudo estamparla cuando los eclesiásticos que acompañaron a Morelos en la capilla pidieron papel y tintero; no para redactarla, sino para darla a firmar".

Esto sería el 21 de diciembre, todavía en el calabozo de La Ciudadela