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José Herrera Peña

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México sep 1997


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Septiembre, simbólica toma de la capital

Nace entre contradicciones el FZLN

Marcos no tomó la ciudad con sus tropas armadas sino con su organización civil, ni a la cabeza de sus hombres "sin rostro", sino quedándose en la retaguardia. Sin embargo, la tomó. La tomó simbólicamente a través de sus cuatro números "uno", porque fueron 1111 los que dejaron sus lejanos lugares de origen para visitar la ciudad de México. Pero la tomó, al menos por unos días.

Aquí los 1111 zapatistas -hombres y mujeres- fueron recibidos, apoyados y aclamados por cientos de miles de personas. Trasmitieron sus mensajes y fundaron el Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN), al que de inmediato se le declaró independiente "ideológica, política y económicamente de los partidos políticos, de las iglesias, del Estado Mexicano y de cualquier otro Estado en el mundo".

Dos movimientos civiles

A dos años de su sorprendente y espectacular golpe militar, o sea, el 1 de enero de 1996, el subcomandante y super-poeta Marcos anunció el nacimiento de dos fuerzas políticas civiles, sin perjucio de continuar al mando de su propia organización militar. Una fuerza civil estrecha, de él, y otra amplia, que ofreció a Cuauhtémoc Cárdenas. Aquélla se denominaría Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN), y ésta, recordando a don Lázaro, Movimiento de Liberación Nacional (MLN).

El anuncio no colmó las expectativas de la sociedad mexicana y menos del gobierno federal, porque todos hubiéramos deseado la transformación del ejército rebelde en un partido político. Pero cuando hizo el anuncio todavía no concluían las negociaciones entre el EZLN y el Gobierno de la República. Más tarde, los acuerdos a los que llegaron -los Acuerdos de San Andrés- quedarían en letra muerta. De cualquier manera, el Frente Zapatista parecía ser la larva dentro de la cual se llevaría eventualmente a cabo la deseada metamorfosis de lo militar a lo político, del ejército al partido y del rostro encubierto al descubierto.

De todos modos, había elementos alentadores (aunque no menos desconcertantes) en el comunicado guerrillero. Anunciaba su intención de empezar a canalizar su energía "por la lucha política", en lugar de la lucha armada: "El EZLN no desaparece -señaló-, pero su esfuerzo más importante irá por la lucha política". Curiosa posición, por cierto. Mientras otros movimientos políticos de oposición en el mundo, como el de Irlanda del Norte, por ejemplo, tienen un "brazo armado", el ejército zapatista, por el contrario, tendría un "brazo político".

Sea lo que fuere, los "inconformes" -como los llama el ejército mexicano- también señalaron que aunque ellos permanecieran en pie de guerra,  intentarían atraer a sus posiciones a la población mexicana a través del Frente, sin las limitaciones ni las restricciones del clandestinaje armado.

El Frente, por otra parte, podría formar parte de otra fuerza política en formación, más amplia, que se llamaría Movimiento de Liberación Nacional (MLN); en la cual confluirían "otras fuerzas políticas de oposición independiente" entre ellas, el propio Frente. La dirigencia de este organismo fue ofrecida a Cuauhtémoc Cárdenas; pero al declinar éste dicha invitación, el MLN no nació.

Características del Frente

El Frente, en cambio, empezó a cuajar. Tendría que ser Frente, no partido político, porque su propósito sería el de "incorporar esfuerzos organizativos no partidistas" y tendría "muchas formas de lucha". Sería "zapatista", porque nacería "con la esperanza y el corazón indígena". Y sería de "liberación nacional", porque plantearía la lucha "por la libertad de todos los mexicanos y en todo el país".

Por otra parte, el Frente serviría "para organizar las demandas y propuestas de los ciudadanos", a fin de que "el que mande, mande obedeciendo"; para organizar la solución de los problemas colectivos, "aún sin la intervención de los partidos políticos y del gobierno", y para luchar "contra la concentración de la riqueza en pocas manos y contra la centralización del poder".

Su programa político (semi-anarquista) tendría que ser breve, sencillo y atractivo. Haría suyo el programa de 13 puntos de la Primera Declaración de la Selva Lacandona, y lucharía "contra el sistema del partido de Estado... por la democracia en todo y no sólo en lo electoral... por un nuevo constituyente y por una nueva Constitución... (y) porque en todas partes haya justicia, libertad y democracia".

Su fuerza

El diseño inicial de tal organización presentaba un lado fuerte y una gran debilidad. Su lado fuerte era su poesía política. Su debilidad, su supuesta falta de ambición por el poder.

Por lo que se refiere a su poesía política, ésta brillaba seductora e intensamente porque, además de poseer sencillez, imaginación y estilo, partía del principio dualista (maniqueo, diría Chuayffet) de la división del mundo en héroes y villanos. Los zapatistas eran y son los héroes. El gobierno, el gran villano.

Por cierto, y entre paréntesis, cuando se escriba la historia de estos años, las generaciones venideras justificarán a los zapatistas y condenarán al gobierno. Quedarán las flamígeras acusaciones de aquéllos y las apagadas y grises defensas de éste. Véanse algunas acusaciones, a manera de ejemplo:

"Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos. Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia. Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio. Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios. Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergüenzas. Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro. Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos... Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras".

Su debilidad

Sin embargo, la gran debilidad del Frente, y lo que pone en entredicho su viabilidad histórica, es su supuesta falta de ambición para obtener el poder, en aguda contradicción con sus ambiciosas (ésas sí) metas políticas.

Este es un elemento desconcertante. Según su comunicado, los integrantes del FZ no podrán desempeñar cargos de elección popular o puestos gubernamentales en cualesquiera de sus niveles, ni aspirarán a la toma del Poder.

Tal pretensión era y sigue siendo una gran incoherencia. ¿Cómo luchar por la democracia y, al mismo tiempo, no asumir la responsabilidad de ejercer cargos públicos? ¿No los propios zapatistas afirman que la democracia no/no es "la alternancia en el poder" sino "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo"? ¿Cómo puede haber gobierno del pueblo, si el pueblo no está en el gobierno?

De acuerdo con lo expuesto, el Frente estará formado únicamente por románticos, idealistas, soñadores, ilusos, anarquistas, marginados, millonarios y filántropos -situación que no le augura un gran desarrollo político-; es decir, en sus propias palabras, por "hombres y mujeres indígenas y no indígenas que no aspiren o pretendan ejercer cargos públicos o puestos de elección popular"; que "estén dispuestos a no tener ni pago ni privilegio alguno, como no sea el participar en la reconstrucción nacional.... (y) que no aspiren a la toma del Poder".

Si esto no es retórica sino aspiración real, quedarán fuera del Frente los hombres prácticos o con espíritu de servicio o que tengan talento para la cosa pública; es decir, los que quieren hacer de su vocación social, de su vocación de servicio, una profesión; los que quieren vivir de ella y para ella (vocación por cierto muy escasa en nuestros días). Quedarán fuera, quizá, los degradados o corruptos, y esto sería utópico; pero también todos aquéllos que se precian orgullosamente de ser políticos, en el más alto y noble sentido de la palabra (con partido o sin él).

Si esto es así, ¿consideran los zapatistas que la política debe seguir siendo una función reservada a los poderosos? ¿Sólo éstos podrán valerse de ella para acumular poder, dinero y conocimientos? En otras palabras, la política, que debiera democratizarse y ser de todos, ¿seguirá siendo privilegio de los menos, monopolio de unos cuantos, coto cerrado a los más?

En congruencia con los ideales democráticos, el llamado de los zapatistas tendría que haber sido planteado exactamente al revés, o sea, convocar no sólo a los hombres de "buena voluntad" sino también a todos aquéllos que aspiran servir a sus conciudadanos. La democracia no es un movimiento religioso sino un movimiento político. Si los zapatistas postulan la democracia, están en la política. Y la política es la lucha por el poder. Pero además, si el poder, como lo proclaman, debe ser del pueblo, y no de los autócratas ni de los corruptos, renunciar el poder es renunciar al pueblo; es dejar el campo libre a los que se pretende desplazar; es renunciar a la democracia. Cuando el pueblo renuncia al poder, sistemas y organismos políticos pierden su carácter democrático.

Por eso es dudoso el destino del Frente Zapatista de Liberación Nacional. Su convocatoria es confusa. Probablemente su éxito será mayor el día en que asuma su responsabilidad histórica y decida convertirse en un partido político democrático, con todas las ventajas y desventajas que ello trae consigo; es decir, cuando decida exhortar al pueblo a luchar permanentemente por la conquista, no por la renuncia del poder; cuando no tema asumir el poder en beneficio del pueblo, y cuando tampoco tema admitir, por consiguiente, que está dispuesto a luchar por el poder.

Nacimiento formal del Frente

En todo caso, el lunes 15 de este mes (septiembre 97) nació oficialmente en la ciudad de México el FZLN, en cuya Declaración de Principios reitera que "no aspira a la toma del poder" sino sólo a construir "estructuras organizativas del pueblo" (sic). Se insiste: hacer política sin aspirar al poder es un tan incongruente como aspirar al poder sin hacer política.

Otra cosa que llama la atención es su afirmación de que dicho Frente no está ni estará formado por organizaciones sino por individuos. Es bien sabido que la mentalidad de las comunidades indígenas se ha orientado siempre hacia lo comunal, no hacia lo individual; nunca hacia lo individual. Tan es así, que dicha mentalidad, por una parte, les ha originado los problemas que han tenido a lo largo de la historia, pero por otra, les ha asegurado su identidad y supervivencia.

Que las comunidades indígenas hagan descansar su organización en el individuo y no en la propia comunidad es una verdadera revelación y una muestra de progreso. Esto significa que las comunidades han empezado a cabalgar sobre la filosofía del liberalismo, filosofía que, a su vez, descansa sobre el imperio del individualismo (no obstante los pronunciamientos que ha hecho contra tal filosofía). Si así fuera, habrá que saludar la superación del esquema mental que han mantenido por siglos y su incorporación al espíritu de nuestra época.

Coincidencia entre zapatistas y tecnócratas

Hay también un curioso punto de coincidencia entre el pensamiento zapatista y el de los tecnócratas. Según estos, el pueblo no existe. Para ellos el pueblo es, en el mejor de los casos, una ficción jurídica, y en el peor, un concepto desestabilizador. Lo que existe es la sociedad, una sociedad dual: por una parte, la sociedad política, por otra, la sociedad civil, y ésta debe estar al servicio aquélla.

Los zapatistas, aunque admiten teóricamente la existencia del pueblo -otro concepto liberal-, parten también del principio hegeliano de la doble sociedad. Para ellos, la sociedad política es repugnante; en cambio, la sociedad civil es noble y buena, y debe convertirse "en la principal impulsora de la transición a la democracia".

Ahora bien, si la democracia es el poder del pueblo, y el poder es algo que desdeñan, es difícil concebirlos en la práctica como animadores de la sociedad civil, a fin de que ésta cargue con la responsabilidad de convertirse en fuerza motriz de la "transición a la democracia", es decir, de la toma del poder, algo que de suyo pertenece a la sociedad política. Esto significa que quieren convertir algo noble, la sociedad civil, en algo innoble, como lo es la sociedad política.

En este marco, ¿cuál es el papel del Ejército Zapatista de Liberación Nacional? ¿Para qué reclama que las fuerzas armadas nacionales vuelvan a sus cuarteles? ¿Para qué quiere libertad de movimiento? ¿Para tomar el poder? No, porque no aspira a él. ¿Para qué, entonces? La respuesta en elocuente: para apoyar -con las armas en la mano- a la sociedad civil en su lucha por el poder democrático, es decir, para apoyar que algo digno se transforme en algo indigno.

Luego entonces, las fuerzas zapatistas se constituirían en soporte para la conquista del poder, pero no las detentadoras del mismo. Nunca se rebajarían a tal extremo. Los civiles que ocuparan el poder estarían bajo la vigilancia de ellas, de las fuerzas zapatistas, a fin de que "manden obedeciendo". ¿Manden a quién? A la sociedad civil, de la que se desprendieron para formar la nueva sociedad política. ¿Obedeciendo a quién? Al ejército zapatista, brazo armado de la sociedad civil.

Al final de cuentas, como se ve, los que no aspiran al poder lo que quieren es ejercerlo, sólo que a través de terceros. De la misma manera que enmascaran su rostro, enmascaran igualmente sus intenciones. Quieren convertirse en el poder tras el trono. Es efectivamente una "nueva forma de hacer política", que por cierto es tan vieja como el mundo. Porque si la política es, entre otras cosas, el arte de la simulación, el engaño y la perefidia, la política zapatista no deja de contener tales ingredientes.

No está mal. Así son las cosas. Falta que la sociedad civil les crea -lo que no sería difícil- y, sobre todo, que las fuerzas contra las que luchan les dejen el paso franco, cosa más problemática que aquélla.

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